Como la mayoría de sociedades de su tiempo, los vikingos tenían esclavos. Los thralls no sólo representaban una mano de obra fundamental en los territorios nórdicos, sino que el tráfico de esclavos era una de las actividades económicas más importantes de los vikingos. En el artículo de hoy os hablaremos de esta casta de siervos.

De dónde procedían los esclavos de los vikingos

Recordemos que en la sociedad vikinga había tres estamentos bastante rígidos: los nobles, los hombres libres y los esclavos. Algunos historiadores estiman que hasta el 10% de la población en la Escandinavia eran esclavos.

Los thralls, palabra que viene a significar «corredor» o «el que corre», podían tener los siguientes orígenes:

  • Prisioneros de guerra o de saqueos, principalmente del Este de Europa o de las islas británicas.
  • Condenados por crímenes como el asesinato o el robo. Quienes tuvieran deudas también podían ser reducidos a la esclavitud el tiempo suficiente como para saldar las deudas con su acreedor.
  • Hijos de esclavos. Por norma general, todo hijo de una mujer esclava nacía siendo esclavo.

Los esclavos en la sociedad vikinga

Aunque los caudillos más ricos podían llegar a tener hasta 30 esclavos, la mayoría de familias nórdicas tenía 1 o 2. Esta mano de obra era muy solicitada en las granjas. Los hombres esclavizados realizaban las tareas más duras y desagradables: arar campos, cuidar de los rebaños, sacrificar animales, abonar la tierra… Por su parte, las mujeres atendían los trabajos del hogar (como cocinar, tejer, limpiar o cuidar de los niños) o satisfacían los deseos sexuales de sus amos.

El cronista musulmán Ibn Fadlan describe el trato que daban los mercaderes vikingos del Rus a sus esclavas:

Cada hombre tiene sexo con su esclava mientras sus compañeros los miran. A veces, un grupo entero de ellos se juntan de esta manera, a la vista unos de otros. Si un mercader entra en ese momento para comprar una joven esclava de uno de los hombres y lo encuentra teniendo sexo con ella, el hombre no se levanta hasta quedar satisfecho.

Los vikingos tenían una economía agrícola, y por eso tanto esclavos como esclavas trabajaban duro en el campo durante las épocas de siembra y cosecha. Tener esclavos en la granja era importante también porque debían mantener las posesiones de los vikingos cuando éstos se hacían a la mar para saquear.

El símbolo distintivo de los esclavos era un collar en el cuello combinado con el pelo corto. Su vestimenta solía consistir en una simple túnica sin teñir.

Vikingos thralls

El comercio de esclavos en la Era Vikinga

Aunque el tráfico de esclavos existía desde mucho antes de la época vikinga, los escandinavos crearon amplias y muy lucrativas redes comerciales para abastecer la demanda de esclavos.

En este momento histórico, el área geográfica en la que se movían los nórdicos estaba dividida entre cristianos, musulmanes y paganos. Dado que ni cristianos ni musulmanes querían esclavizar a sus semejantes, los pueblos eslavos de Europa del Este eran la presa ideal. De hecho, la palabra «esclavo» procede de «eslavo».

Por otra parte, los cautivos que los vikingos aprisionaban en sus incursiones luego eran vendidos en Escandinavia. Algunos de los centros de comercio esclavistas más importantes eran Hedeby y Bolgar (en el Volga).

Los derechos de los thralls

A efectos legales, los esclavos de los vikingos se consideraban como animales domésticos. No tenían derechos propiamente dichos, hasta el punto que un amo podía castigar como quisiera a sus thralls, incluso con la muerte. Si un hombre libre mataba a un esclavo ajeno, sólo debía pagar su valor estimado a modo de compensación.

Se ha encontrado esclavos en algunas tumbas de vikingos, formando parte del ajuar funerario. En ocasiones, con signos de una muerte violenta. Por ejemplo, el enterramiento de Flakstad (Noruega) albergaba cuerpos decapitados, mientras que en el de Kaupang (Noruega) había extremidades cortadas.

Se identifica a los esclavos en los enterramientos porque no tenían pertenencias y porque el análisis de sus restos evidencia dietas pobres. Estos análisis también revelan que muchos de los esclavos no habían crecido en la misma región que sus amos.

Los esclavos solían vivir en la parte mas oscura y menos confortable de las casas vikingas, junto a los animales. No podían casarse ni tener propiedades, aunque algunos amos les permitían producir y vender artesanías en su tiempo libre.

Todo esto no quita que algunas esclavas jóvenes y atractivas podían vivir en mejores condiciones que los thralls normales. De igual modo, algunos esclavos que se convertían en hábiles artesanos merecían un poco más de consideración.

Leysingjar: los libertos de los vikingos

Había dos métodos por los que un thrall alcanzaba la libertad. El primero era por la voluntad de su dueño, quizá después de muchos años de servicio. El segundo, cuando el esclavo compraba su libertad.

Esto implicaba que el esclavo pasaba a considerarse un ser humano, con sus derechos y obligaciones. Muchas veces, era la propia familia de los dueños la que lo adoptaba.

Piedra rúnica de Hørning

En la piedra rúnica de Hørning (Dinamarca) puede leerse: «Toki el herrero levantó esta piedra en memoria de Thorgisl, hijo de Gudmund, quien le dio oro y libertad».

No obstante, los leysingjar o libertos no tenían exactamente el mismo estatus que los hombres libres. Aún mantenían ciertos lazos de obediencia a sus antiguos dueños, y así debían votar en el Thing lo que ellos mandasen. Igualmente, debían contar con su aprobación para casarse, mudarse o emprender negocios.

Una parte de las ganancias de los libertos iba a parar a manos de sus antiguos señores. Si morían sin descendencia, sus propiedades eran heredadas por ellos.

Además, las leyes imponían compensaciones menores a las normales en caso de que alguien debiera pagarles por haberles causado algún perjuicio.

Tenían que pasar dos generaciones de leysingjar para que los descendientes de estos libertos fueran considerados hombres libres.

Un interesante pasaje de la saga de Olaf Haraldson nos habla de los thralls de Erling Skjalgsson, un poderoso caudillo del sudoeste de Noruega:

Erling tenía siempre en su granja a treinta esclavos, además de otros sirvientes. Él dio a sus esclavos una cierta jornada de trabajo; pero después les concedió tiempo de ocio, y dejó que cada uno trabajara por su cuenta durante el crepúsculo y por la noche si así lo deseaba. Les dio tierra cultivable para sembrar maíz en ella, y les permitió aprovechar sus cultivos para su propio consumo. Impuso a cada uno una cierta cantidad de trabajo para obtener su libertad; y hubo muchos que compraron su libertad de esta manera en un año, o en el segundo año, y todos los que tuvieron un poco de suerte pudieron liberarse a sí mismos en menos de tres años. Con este dinero, él compró otros esclavos: y a parte de su gente liberada les mostró cómo trabajar la pesca de arenques, a otros les enseñó algunas artesanías útiles; y algunos despejaron sus terrenos y construyeron casas. Los ayudó a todos a conseguir la prosperidad.

El declive del esclavismo en la civilización vikinga

La esclavitud encontró un gran enemigo en el cristianismo, cada vez más presente en los territorios escandinavos. Esta religión facilitó que muchos esclavos de los vikingos abandonaran su condición, bien por voluntad de sus amos (influidos por la Iglesia) o bien por comprar su libertad. Pongamos un ejemplo significativo del choque entre el cristianismo y la esclavitud: San Hallvard, el patrón de Oslo, fue un hijo de un noble local que fue asesinado en 1043 mientras intentaba defender a una thrall acusada de robo.

Pese a su declive, esta actividad sobrevivió hasta mediados del siglo XIII. Así, por ejemplo, el Codex Holmiensis o código civil de la Dinamarca de 1241 recoge algunas leyes sobre los esclavos.

¡Todos a bordo!

Apúntate a nuestra newsletter para entrar al Valhalla y recibir nuestras últimas noticias.

¡Te has enrolado con éxito!